El 6 de agosto se inauguró la XVI edición del Ciclo Internacional de Órgano de Torreciudad con la brillante actuación del organista Esteban Landart, de Irún, ante un numeroso público. En la presentación, el rector del santuario señaló la importancia de la música como medio para acercar a Dios (“música en honor de Dios”, como explicaba Bach), y citó varias frases del magisterio de Benedicto XVI en las que el Papa actual profundiza en la relación entre belleza y fe. La música sacra es “signo luminoso de Dios, como su epifanía”, y sus mejores obras, “momentos de la armonía eterna en diálogo consigo misma”.
El programa arrancó con la “Pasacaglia” de J. S. Bach, composición portentosa por la amplitud y las proporciones de su desarrollo, que fue interpretada con una gran fuerza. El martilleo continuado del tema -“ostinato”- cobró una energía y vitalidad únicas en manos de Landart.
Con el coral “An Wasserflüssen Babylon“, que Bach escribiera tras la muerte de su esposa, el público disfrutó de una breve pieza llena de delicadas armonías. El intérprete transmitió un sentimiento de paz, a pesar del patetismo contenido en la obra.
La actuación culminó con una obra que, en palabras del compositor Saint-Saëns: “es la más extraordinaria que existe para órgano. Para su ejecución son indispensables un órgano colosal, de manejo fácil, y un ejecutante habituado a la vez al mecanismo del órgano y del piano; por eso las ocasiones de escucharla en buenas condiciones son bastante raras”. El viernes se dieron esas condiciones, y el público quedó impactado con la Fantasía y Fuga sobre el coral “Ad nos, ad salutarem undam”, de F. Liszt.
El intérprete demostró un gran virtuosismo y los 4.072 tubos del instrumento hicieron el resto. La obra es un descomunal torbellino con un sublime adagio central en el que el maestro Landart desbordó pasión y dinamismo, al tiempo que emergía con gran naturalidad su pulcritud en la ejecución.